“Pegan a un alumno”: acerca de una particular fantasía a la hora de rendir

Es habitual que la escena de rendir un examen convoque el desarrollo de diversos temores, que sumandose a la complejidad inherente al estudio terminan convirtiendo los días previos a la prueba en una serie de momentos cargados de mucho sufrimiento y malestar, situación que los pacientes describen en términos de miedo, inseguridad, ansiedad, entre otros.

Con el psicoanálisis, sabemos que el acto de “rendir” solo se convierte en un espacio de sufrimiento cuando por debajo del mismo actúa alguna fantasía que lo torna insoportable, incluso en algunas ocasiones con independencia del resultado. Me refiero a quienes aún sabiendo que conocen el temario con detalle y extensión, no por eso dejan de padecer.
En estos días, una joven me contaba que estaba con mucho miedo, preparándose para “defenderse” del mejor modo posible en el examen. Esta expresión, me recordó el caso de otras pacientes que han manifestado temores similares frente a instancias de examen, en cuyos relatos es posible identificar ese común denominador que supone en el evaluador rasgos de omnipotencia y despotismo.

De este modo, queda claro que ese espacio de conversación e intercambio que un examen implica es cargado de una fuerte significacion agresiva en la medida en que supone que quien examina es alguien de quien uno debe defenderse, es decir, alguien que ataca.
Sabemos con Foucault que el poder es un fenómeno que circula en todos los vínculos y sería ingenuo suponer que el vínculo maestro-alumno pudiera quedar por fuera de ello. Al contrario, se trata de una relación en la que perfectamente pueden actualizarse las pasiones más profundas del sujeto, al punto de poder convertirse en tierra fértil de amores y odios. De todos modos, no es dable afirmar que en un examen se trate siempre de una relación alumno-maestro estable ya que podría ocurrir perfectamente que quien evalúa o toma la prueba sea un profesor hasta el momento desconocido para el alumno, lo cual deja en evidencia que el vínculo sobre el que se asienta el miedo es más bien con ese Otro-maestro internalizado que cada quien ha construido en su fantasía como consecuencia del paso por el complejo de Edipo.

Dicho esto y volviendo a Foucault, la pregunta es: ¿alcanza con decir que en un examen circula poder y asimetría para comprender que se juegue allí una situación a la que temer?
Los casos a los que hago referencia parecen mostrar la construcción imaginaria de un Otro que por el solo hecho de tener poder está autorizado a utilizarlo bajo la forma del ataque o la humillación. Surge de este modo la posible relación con aquella fantasía masoquista que Freud describió en su texto “pegan a un niño” y que podríamos formular aquí bajo la deriva “preguntan a un alumno”.

Se trata, en Freud, de la investigación que realizó sobre un fenómeno cuya presencia verifico en un grupo determinado de pacientes que en su mayoría eran mujeres, a saber, la manifestación en tratamiento de una fantasía puntual: alguien es pegado.
Freud analiza en tres pasos esta fantasía y su afirmación consiste en sostener que la misma atraviesa una serie de transformaciones a partir de lo que en principio sería un fantasma arcaico, pre-edipico, que no involucraría el triángulo madre-padre-niño, sino padre-niño-hermano. Como dice Lacan, “basta con tener una mínima experiencia analítica para saber que la aparición de un hermanito/a tiene un papel de encrucijada en la evolución de cualquier neurosis“. En este punto, esta fantasía inicial en la que otro niño es pegado, tiene el objeto de negarlo como sujeto bajo un recelo que toma la forma de “mi padre no lo ama”.

Luego, en un segundo tiempo, la fantasía muta, mediante construcción analítica, a una escena en la que es la niña en cuestión quien es pegada por su padre y aquí Freud sostiene que la búsqueda de castigo sería concomitante a la culpa por desear el privilegio de su amor.Luego, en un tercer tiempo y tras la salida del Edipo, Lacan nos dirá que la figura del padre es superada, traspuesta y remitida a la forma general de un personaje en posición de pegar, omnipotente y despótico. Tal es la posición de quien, para algunos alumnos, toma quien examina, es decir, alguien cuyo poder lo sitúa en posición de castigar.

De modo alterno, es habitual observar en el grupo de pacientes que consultan bajo esta modalidad de padecimiento, la presencia de vínculos fraternos cargados de celotipia y malestar.

Dicho esto, cabe preguntarse si el temor a rendir exámenes que algunas pacientes manifiesta pudiera finalmente consistir en la consecuencia de una fantasía, que actualizando en los compañeros figuras fraternas, buscara hacerse preferir ante el profesor/padre, deseo culpabilizante cuyo castigo se teme bajo la forma de la desaprobación.

Cómo sostiene Lutereau, los conflictos son típicos, las soluciones particulares. El presente texto no pretende dar cuenta de una generalidad en torno a la variedad de temores que se presentan al momento de rendir un examen, sino más bien alumbrar cierta coordenada clínica rastreable en esta fantasía masoquista, fantasía que es necesario analizar y elaborar para poder correrse, en tanto alumno que rinde, de un lugar idealizado y perfecto, de un lugar que pretenda un lugar diferencial en el deseo de quien examina.

Si existe una forma de castración actualizable al rol de alumno, será la de poder dar lo mejor de sí, sin buscar la preferencia. Esa suele ser la condición de los grandes pensadores.

Gerardo Quiess

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